Día 25 de marzo de 2011
Palacio Arzobispal
Reales Alcázares
Giralda Catedral de Sevilla
Casa de la Provincia.
Salón donde se desarrolló el acto de presentación del cartel de la Semana Santa 2011.
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El Hermano Mayor, detalló el esfuerzo y la colaboración que está recibiendo
Dª María José Cervantes Medina, Alcaldesa de Villanueva del Río y Minas.
D. Manuel Blasco Fernández, Pregonero S. Semana 2011.
D. Ricardo Carpintero Recuero, Hermano Mayor de la Cofradia.
Algunos de los asistentes desplazados desde La Mina.
Miembros de la Junta de Gobierno de la Hermandad con la Alcaldesa María
Día 10 de abril de 2011
Eva María Vergara López presentadora de los actos, anuncia la intervención
PREGÓN - 2011
Reverendo Sacerdote Señora Alcaldesa y miembros de la Corporación Municipal Hermano Mayor y Junta de Gobierno de San Benito Hermano Mayor y Junta de Gobierno de la Hermandad de Santa Bárbara Hermano Mayor y Junta de Gobierno de la Hermandad de San Fernando Hermano Mayor y miembros de gobierno de la hermandad del Santísimo Cristo de la Buena Muerte y Virgen Santísima de los Dolores. Vecinos, y amigos: buenos días a todos.
Recién entrado el mes de Abril, susurra, ya perfumes de las flores primaverales, yemas que lloran nuestras cepas, brisas vitales, que como una gigantesca explosión, inundan nuestras plazas, nuestros patios y nuestros campos, de aires de la sierra norte que nos traen tenues caricias de olivar ceniciento y aromas de tomillo y romero. Aquí me tienen, recién estrenado el mes de Abril, y ciertamente avergonzado porque están ahí: escuchándome, cuando yo no puedo contarles nada que ustedes no sepan. Es más, sería yo el que tendría que bajarme de aquí y aprender de de sus experiencias. Sois vosotros, que habéis vivido más que yo, los que deberíais explicarme a mí que es la Semana Santa. He de estar agradecido, sin embargo, a la Junta de Gobierno de esta Hermandad de pasión, el haberme propuesto ser humilde pregonero de esta Semana Santa, a lo que al principio me opuse, pero luego no pude resistir. Ciertamente era una de mis grandes ilusiones en la vida. Por lo que doy las Gracias a ellos, hoy estoy cumpliendo uno de mis sueños. Agradecer muy sinceramente a mi amigo Ricardo, Hermano Mayor de esta hermandad por su presentación y por que de él también he aprendido mucho de lo que significa la Semana Santa. Y corresponderos también, por supuesto, a todos vosotros, que habéis tenido a bien venir a escucharme. Gracias a todos. Yo no soy nadie, un simple emigrante en la vida de este pueblo. Tampoco tengo meritos profesionales, ni tan siquiera tengo un papel destacado en la Semana Santa de Villanueva del Río y Minas. El completar el nombre de este pueblo, es recomendación de otro de mis mejores amigos que siempre me dice: cuando te pregunten de donde eres, debes responder, que de la Mina, y si dudan, les completas el nombre en su totalidad, es decir, de Villanueva del Río y Minas. Quizás mi único bagaje es que soy un simple Nazareno, que desde hace veintitrés años, un buen día, una amiga me propuso de que diera mis primeros pasos en esta cofradía. Me colocaron una túnica negra, un antifaz, y me echaron a la calle, y desde las filas del lado del trono de mi Virgen de los Dolores, primero, y luego desde el costado de mi cristo de la buena muerte; he ido observando muchas cosas de vosotros, viendo como viven este maravilloso ritual las sencillas gentes de Villanueva del Río y Minas. Eso es lo que yo he visto en vosotros, es lo que, hablando desde el corazón, os voy a contar, visto y narrado por un anciano minero y su esposa, y su conversación comienza así: ¡A ver a que hora vienes, que tenemos que ir a la función! dijo la esposa cuando el rudo minero, se calzaba las botas del campo sentado en el pico de la cama. ¡No te preocupes mujer, que solo voy a dar una vuelta y traer unos espárragos!, le dijo con su voz temblorosa, mientras le besaba la mejilla surcada de arrugas. Amanecía el Domingo de Ramos, y el tosco minero, mientras se abrigaba para protegerse del relente, recordaba su pueblo cuando tenía sus calles toscamente empedradas y terrosas, cuando los hierbajos y la grama surgían por todos lados, y un reguerillo de aguas parduscas, acompañaban los andares. Ese día, como todos los años, este minero y su esposa, verían la procesión en la puerta de la Iglesia como era habitual en ellos. Los niños de la catequesis, risueños y traviesos, recorrían las calles desde sus distintos barrios hasta la iglesia con ramos de olivo en las manos, abanicando el viento. Los mayores, con hojas amarillas de palma cimbreándose altaneras y doblándose como juncos, formaban filas ceremoniosas, trajeados con sus mejores galas. Todo el pueblo, jubiloso, aclamaba a Jesús como un Rey. La Mina en su multitud, que había ido a la fiesta, al oír que el Cristo salía de la capilla del convento de las Hermanas de la Cruz fueron a su encuentro con ramos de olivo y palmas gritando; ¡Dios nos salve; bendito sea el Rey de Israel! y Jesús encontró un borriquillo y montó en él, y paseaba triunfal por las calles de nuestro pueblo días antes de su muerte. Una gran multitud rodeaba a nuestro Padre, y con ramos de olivo y ramas de palma, lo acompañaban en su entrada, hasta la iglesia entre cantos y aclamaciones. Muchos lo reconocían con fe y esperanza ¡ hosanna ¡ ¡el rey de los pobres! montado en un su burrillo y rodeado de niños ¿se puede ser mas humilde? El anciano minero detrás de su rudo aspecto de picador agrietado, se conmovía con los cánticos de los niños, y sus ojos se llenaban de lágrimas contenidas : seremos como las hojas de palma, que se doblan según les da el viento, y nos dejamos llevar olvidando pronto nuestros compromisos, pensó este anciano minero mientras pellizcaba la cara de un niño que desfilaba en la fila. El niño era hijo de un vecino conocido que tenía no más de nueve años, y ya hacía más de dos que era hermano de la Virgen de los Dolores. Cuando llegaba el Viernes Santo, bajaba corriendo por la calle hasta llegar a la iglesia con su pequeña tunica puesta y su antifaz debajo del brazo. Su ilusión era llegar el primero y colocarse en la fila en la puerta del templo para ver la salida de sus santos. la gente abarrotaba la calle y entre el murmullo, salía en hombros de las más jóvenes costaleras, nuestro padre Jesús de la buena muerte. El niño en el dintel de la puerta veía al cristo como su amigo fiel y alguien muy cercano a él y salvador del mundo, y pensaba: Dios es un niño como yo, y su amigo Jesús le confortaba cuando estaba triste o cuando tenia miedo y por eso todos los años se iba delante, junto al estandarte guía para ver su salida. A continuación, escuchando la narración de este anciano minero, vino a mimente, otro recuerdo de mujer, de la cual me cobijaba en mi niñez, mi abuela la que me cuidaba y me enseñaba a ser un buen cristiano a través de esta poesía que dice así:
Esto que hasta ahora os he contado no ha salido de mi boca, era el profundo recuerdo de lo que yo había oído de aquella anciana y anciano minero una noche cualquiera de Abril. A partir de este momento lo que os voy a contar, es lo que yo he sentido al lado de mi Hermandad y de mis hermanos nazarenos por las calles de mi pueblo. Si retrocedemos un poco, haciendo memoria he visto en el mandato de el Hermano Mayor, Don Manuel Sualis la reforma de los pasos y convertirlos de sus antiguas andas, en dos grandes tronos y amplias trabajaderas y sus antiguos porteadores, en grandes costaleros para orgullo de nuestro pueblo minero. ¡Gracias Manuel! A continuación, con la elección de el Hermano Mayor, Pedro Lozano, no hubo grandes reformas, pero sí tengo que reconocer, que en su mandato se dedicó a formar una Junta de gobierno joven, con fuerza y muchas ganas de trabajar, tanto es así, que terminado su mandato, uno de su junta es presentado para ser su sucesor, por eso no me despido de él porque sigue dentro de esa directiva, colaborando tanto o más que cuando era hermano mayor. En su lugar, y como ya he señalado, es presentado mi buen amigo Ricardo Carpintero. Yo que puedo decir de él, solo una cosa, otro gran reformista en su mandato, se dedicó en cuerpo y alma, a trasformar el trono de nuestra señora con nuevo palio y bambalinas completamente nuevos. En su estreno y para que todos lo mineros pudieran disfrutarlo, se necesitaba un gran capataz, para presentarlo a nuestro pueblo. El nuevo Hermano mayor no tubo que pensar mucho, él como capataz del Paso Cristo pensó en otro buen sucesor, colaborador y gran amigo, a pesar de no ser minero, Manuel Egea, más conocido por vandeja, traspasando la dirección del Paso a este nuevo capataz, y él como hermano mayor y creador de esta gran reforma, presentó a todos los mineros en su estreno, a la señora Madre de Dios en su salida el Viernes Santo y continuó trabajando hasta el final de su mandato. Y siguiendo año tras año debajo de mi antifaz, viendo y oyendo en el siguiente mandato a Antonio Jesús, no puedo más que decir, que ha sido el más joven y el más valiente que yo no me podía ni imaginar, y como trabajador el primero, en su mandato, nos presentó una Casa Hermandad completamente reformada, con suelos tejados terminados y todo colocado. Pero, a pesar de su fuerza y voluntad no pudo sobre llevar el peso que se le vino encima, su corazón se partió en pedazos cuando a su madre la diagnosticaron esa enfermedad que ninguno queremos nombrar, y que a pesar de su gran lucha por recuperarse Dios quiso llevársela con el al cielo. Antonio Jesús, yo se por mi mismo que todos tus hermanos nazarenos y vecinos mineros rezamos por ella, y también ella desde el cielo, cuidara de todos nosotros los mineros. Gracias por ello querido Antonio. A continuación, y este año con su segundo mandato, nuestro hermano Ricardo, nos está demostrando que sus ganas de seguir trabajando siguen latentes una vez recuperada sus fuerzas, y continúa con su lema de reformista, y vemos, como todos los mineros que hemos puesto nuestra confianza en él y su saber hacer, queremos que este año nos presente otra reforma de nuestros pasos, y que este Viernes Santo nos presente otra nueva obra, para que todos nos sintamos orgullosos de nuestra Semana Santa y de paso, sepamos agradecer todo ese esfuerzo realizado por nuestra Junta de Gobierno, para que el año que viene podamos colaborar con todo nuestro ímpetu una vez que esta crisis haya terminado. Y yo sigo mi recorrido debajo de mi antifaz oyendo y observando al lado de mi Cristo de la buena muerte y la Santísima Virgen de los Dolores y tanto es el cariño y el amor que siento que no me puedo aguantar el cantarle, éste, mi mejor pensamiento.
Y siguiendo con lo vivido en esta Hermandad os voy a contar algo que no olvidare jamás. Una noche de Viernes Santo, cuando todo estaba terminado y todos los hermanos se despedían hasta el año siguiente, escuchamos el llanto de un chiquillo y todos empezamos a preguntar que le pasaba. Era José Juan, y a él solo, abrazándose a su madre con el corazón encogido, se le escuchaba decir: ¡No me quiero ir a mi casa, me quiero quedar aquí! Al año siguiente comprendí los sentimientos de aquel chiquillo, y a pesar de su corta edad, no dejó de sorprenderme verlo al año siguiente de contraguía, posiblemente, el sueño mas grande que en su día le puede pasar a cualquier persona adulta. José Juan, yo este año por mi don de pregonero de corazón, le voy a pedir al Hermano Mayor y capataz de la Santísima Virgen de los Dolores, que en alguna parte del recorrido que él crea conveniente, te deje hacer una llamada para que tu ¡esa levantá la dediques a todos los hermanos mineros. Para contar otra de mis vivencias en esta Hermandad, voy a recordar directamente a otra niña; quiero empezar por la culpable de que tenga yo este veneno de cofrade metido en mi corazón, la abuela Pepi, para mí Josefa aunque se enfade. Y para que ustedes se hagan una idea de cómo lleva en el sentimiento esta hermandad en sus comienzos, esta mujer fue costalera en esencia, sabiendo hacer ver y transmitir a sus hijos esa luz de pasión que ella sentía por su Hermandad y su Cristo, y que llegó a coincidir de bajo del paso con sus tres hijos y dos de sus sobrinas. Pero su mayor orgullo estaba por llegar, el nacimiento de su primera nieta, hermana desde la cuna, que al llegar la Semana Santa, nos emocionó con lo que todos estábamos esperando para el que la conoce: su nieta vestida de costalera, presentándose ante nuestro Cristo de la Buena Muerte. Y desde aquel día, con ese veneno que se mete dentro del cuerpo, ella, constante, cada año, día tras día en los ensayos, no deja de merodear al lado del capataz con sus tablas de medir, deseando de formar parte de la cuadrilla, y recibiendo siempre esa misma respuesta tan ingrata de que no das la altura. Pero yo desde aquí te digo, no te preocupes Nedea que tu año llegará, porque el Cristo tiene tu puesto guardado en esa trabajadera que tu tanto anhelas y esperas. Desde aquí mi aprecio y mi animo. Un beso. Y para no quedarme atrás ni olvidarme a lo que vengo, voy a seguir avanzando hacia mi Cristo de la Buena Muerte, mi verso va dedicado.
Yo, de corazón y con todo el respeto, quiero recordar también, a un hermano que sembró de luto mi pueblo y desde este pulpito que habéis tenido el honor de prestarme, me gustaría pedir, con permiso de todos los mineros y al capataz del Cristo en este Viernes Santo, y con el beneplácito de nuestro Hermano Mayor, poner crespones negros para memorizar el recuerdo de un vecino para que sus costaleros respeten en su salida este soneto.
Después de leer este Soneto, y sí la congoja me deja, al igual que mi garganta se aclara, Carmen Mari quiero dedicar este sentimiento mío y de toda la Audiencia presente y ofrecerlo en recuerdo de tu esposo. A su madre, a sus hermanos, y sobretodo, a sus hijos. Por ultimo, quiero nombrar a un matrimonio que yo no puedo olvidar por todo lo que hemos compartido juntos, Manuel, costalero, y como no junto a su mujer Ana. Pero pasado el tiempo tubo que abandonar el costal al igual que su mujer y él, ahora en la sombra dirige la hermandad junto a su compadre Ricardo y Hermano Mayor. En cambio, su mujer Ana, el abandono fue por culpa de sus dolencias, y el primer año de penitente lo paso muy mal al lado del Cristo de la Buena Muerte, al cual perteneció y cargaba sobre sus hombros. Ese Viernes Santo en el recorrido, el Cristo se acordó de ella y le dijo: no tengas pena mujer de no poderme llevar, que por el tiempo que me has llevado, yo te voy a recompensar y te mandaré de que tu cuides de mi madre con estas palabras:
Estas palabras con vocación a pregón, os anuncian que comienza la Semana Santa. Ojala amigos cristianos, que todos los días del año sepamos reflexionar en base a esto. Solo una cosa más, quiero deciros que todos estos personajes que a través de cuyos ojos yo he visto y mis oídos han escuchado, y con lo que he querido representar la Semana Santa, existen físicamente en la realidad, no son para nada inventados, a pesar de que algunos ya no estén entre nosotros y que sin embargo todos conocemos en el pueblo. A gente como Pepi Ferre, a Pedro Lozano, a Juan Pedro, padre de José Juan, a Nedea, nieta de Pepi , a Manuel y a su mujer Ana, y a muchos otros que serían demasiados de nombrar. Ahora solo queda que cada uno de nuestros corazones, viva en su interior la Semana Santa como ha de vivirse. Ahora solo queda que nuestros corazones vestidos con nuestras túnicas de Hermandad, sean verdaderamente corazones de hermanos y vivamos mas al ejemplo de nuestro Cristo, y no solo hoy, ni mañana , ni pasado, sino durante todo el año. Y quiero recordar a todos los padres que animen a sus hijos de participar en nuestra Semana Santa, y a los que ya lo hacen, les dejen terminar su recorrido hasta la iglesia, porque a ustedes los padres, les queda mucho tiempo para poder tomar esas copas con los amigos, y de paso hablar con orgullo de la participación de sus hijos en la Semana Santa de nuestro pueblo. Espero que mis palabras os hayan servido para adéntranos en la Semana Santa que hoy os anuncio, y quiero terminar este Pregón como he comenzado, diciendo que yo soy un pobre emigrante de este pueblo, orgulloso de tener muchos amigos sintiéndome muy integrado, y todo lo que os he contado a ustedes me lo habéis enseñado, por lo que muy agradecido, quisiera daros las Gracias y, por supuesto, mi más sincero abraz Gracias por vuestra atención.
Manuel Blasco, agradece el largo aplauso del público.
El Hermano Mayor entrega placa al Pregonero.
El Hermano Mayor, menciona a todas las personas y entidades que están
colaborando
con
La agrupación Pro-Monumento a Santa Ángela de la Cruz, entrega una
Don Ángel Fernando, Párroco y Director Espiritual de la Hermandad, bendijo
las
No cabía un alfiler, el público que allí se dio cita llenó completamente el templo.
El Hermano Mayor imponiendo la medalla de la Hermandad.
También acudieron muy jóvenes para recoger su medalla.
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