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La empresa de transformación de corcho de
Villanueva del Río y Minas, Sierracork, tiene los días contados si los
accionistas y acreedores principales no llegan a una solución antes del
próximo 26 de febrero, día en el que está previsto que se celebre una
junta general de accionistas en la que se tendrán que tomar decisiones en
firme. ¿Por qué? Sencillamente, porque la empresa se encuentra en uno de
los supuestos legales de disolución, el de quiebra, al deber más dinero
del que tiene en propiedad. En términos técnicos, el patrimonial neto de
la compañía de corcho tiene un déficit de unos 2,5 millones de euros y,
además, está sin actividad, sin terminar sus instalaciones y, ahora mismo,
sin dinero para pagar nóminas.
A esta situación se ha llegado por una sucesión de fallos en la anterior
gestión de la compañía ,
propietaria del 52 por ciento de la empresa hasta hace unos meses y que
decidió vender su parte a la Sociedad de Desarrollo Local San Fernando,
empujados por un conflicto abierto con la Empresa de Gestión Medio
Ambiente (Egmasa), el otro socio principal de Sierracork. De hecho todavía
está en los tribunales la responsabilidad de la anterior gestión, por una
acción legal emprendida por la empresa pública.
A finales de 2002 Sierracork ya se encontraba en situación de quiebra.
Algunas empresas del sector se acercaron para procurar hacerse con ella:
es el caso de la catalana Trefino o la sevillana Cortansa. No se llegó a
un acuerdo.
Con fecha 20 de diciembre llegó a los socios de Sierracork una carta de
intenciones de la promotora inmobiliaria Somersen en la que se mostraba
interesada en hacerse con el control de la compañía bajo una serie de
condiciones que se concretaron en una propuesta definitiva de compra el 31
de diciembre.
En el citado documento, Somersen se comprometía a adquirir por un céntimo
de euro el cien por cien de Sierracork, libre de cargas y de gravámenes,
"puesto que su valor real contable está muy por debajo de dicho precio".
Cosa muy cierta. Con todo, Somersen se comprometía a llegar a un acuerdo
con los acreedores de la compañía, con unas deudas de unos 13 millones de
euros, para refinanciar este pasivo. Para poder conseguir esa
refinanciación, Somersen solicitaba quedarse con el suelo de la fábrica,
unos 80.000 metros cuadrados, con los que poder garantizar la operación.
El plazo para el cumplimiento de estos requisitos básicos estaba fijado en
el 30 de enero, pero se aplazó sucesivamente. Finalmente Somersen no ha
podido llegar a un acuerdo con El Monte, principal acreedor de Sierracork
con cerca de 6 millones de euros de deuda, para refinanciar la deuda.
¿Por qué? Somersen ha pretendido que El Monte, como principal acreedor,
asumiera el riesgo de los demás acreedores bancarios (SCH, CajaSur, La
Caixa, etcétera), pasar toda la deuda actual a un plazo más largo y que
pusieran dinero para financiar la actividad diaria de la empresa de los
próximos meses. A cambio Somersen ofrecía como garantías de pago el suelo
de la fábrica y otros 400.000 metros de terreno adyacentes que la Sociedad
de Desarrollo Local de Villanueva no ha conseguido todavía adquirir en
propiedad. El Monte, simplemente, no ha visto suficientes garantías.
Somersen incluía el reflotamiento de Sierracork dentro de un plan de
urbanización de la población sevillana, donde ha comprado un millón de
metros cuadrados de terreno en los que piensa desarrollar proyectos
turísticos de carácter rural, como alternativa a una segunda vivienda de
descanso. Villanueva está a 40 minutos de Sevilla.
Ante el estancamiento de la situación Egmasa ha convocado junta general el
día 26 de febrero. De ahí puede salir o una suspensión de pagos, una
quiebra u otro caballero blanco que salve la empresa. Pero
definitivamente. |