HISTORIA ESCOLAR
Hoy quisiera compartir con muchas personas que
pertenecieron a mi generación las sensaciones y experiencias de mi
infancia allá por los años sesenta. Para otros que sean más jóvenes y
quisieran leerlo tienen la oportunidad de conocer muchas cosas, de cómo se
vivía en
aquella época, para mi inolvidable en la que fui
totalmente feliz.
Algunos de vosotros vais a poder identificaros con las
cosas que voy a contar por la sencilla razón que éramos calcos unos de
otros, el patrón era el mismo para casi todos y el que se diferenciaba en
algo era mínimamente.
Empecé mi curso escolar en el año 1959, yo tenía cinco
años, mi colegio se llamaba "Escuela Unitaria de niñas", está aunque ya no
se utiliza como tal en la calle Santa Bárbara en el barrio de" las casas
nuevas" . Pocas personas por no decir ninguna han conocido este colegio
con este nombre, para todos era la "Escuela del Gobierno". Este edificio
constaba de cuatro clases, dos para la ya citada y otras dos para la
"Escuela de la Compañía" donde impartían sus clases Doña Emilia y Doña
Rosa Trias hija de un hombre muy conocido llamado Don Ernesto.
Mi primera maestra fue la Señorita María del Consuelo
Sánchez-Nieves hija también de otro conocido por ser el veterinario del
pueblo, Don Antonio Sánchez-Nieves.
La primera vez que entré en la escuela lo hice con mucho
miedo, ¡claro! como todos los niños, no llevaba material escolar, no hacía
falta, allí nos estaban esperando las famosas pizarras negras de piedra
con sus correspondientes pizarrines, que dicho sea de paso para hacer
cuatro garabatos nos sobraba. Me sentaron en la parte del centro de un
pupitre de tres asientos, a las niñas que me flanqueaban soy incapaz de
ponerles ni nombre ni cara.
Recuerdo como cada mañana una mujer le llevaba un café con
leche en un jarrillo de "hojalata" y en un plato de porcelana una
suculenta y apetitosa tostada tapada con una servilleta de cuadros,(a
veces eran churros). No sabíamos quién era la persona que le traía ese
estupendo manjar, con los años pude entender que era la chica del servicio
como se diría hoy, antes era simplemente la criada. Antes de empezar a
comer repetía estas palabras, ¿ustedes queréis? a lo que las niñas
contestábamos ! gracias que aproveche¡ y así muy tranquilamente sentada en
su mesa desayunaba diariamente. Después de cincuenta y tres años esta
situación viene a mi memoria como si la estuviera viviendo en estos
momentos !parece mentira¡.
De los dos o tres primeros años escolares aparte de este
episodio solo tengo imágenes vagas, si que la clase era amplia con grandes
ventanales, la estera (alfombra) de la entrada tejida de esparto, una
pizarra inmensa empotrada en la pared y el chubesqui de hierro en una
esquina que funcionaba con leña o carbón y a pesar de estar encendido
pasábamos mucho frio.
Con ocho nueve años me pasaron a otra clase y con otra
maestra que se llamaba Doña Isabel Muñoz Tristáncho a la que recuerdo
siempre vestida de color oscuro. Era seria pero no tenía mal carácter solo
cuando sacábamos los pies del plato, entonces sí, daba un golpe fuerte con
la regla de madera en la mesa y con voz potente y autoritaria pedía
silencio.
Nuestro horario escolar si no recuerdo mal estaba
distribuido de la
siguiente manera: De lunes a viernes de 9.00 a 13.00 y
de 15.00 a 17.00 los sábados de 10.00 a 13.00. Por la mañana había que
dedicarse a empollar matemáticas, geometría, lengua, geografía, historia,
todo ello con un solo libro, la enciclopedia "ALVAREZ. De cualquier otro
libro que hubiera en el armario se hacía casi a diario un dictado por
cierto nada corto todo lo contrario, una página del cuaderno. Esto no solo
servía para adquirir conocimientos , también para ir mejorando la letra y
perfeccionar la manera de escribir. En el tiempo de recreo nos revisaban
los cuadernos y por cada falta de ortografía teníamos que copiarla
al menos veinte veces. De todo lo escrito nos seleccionaban un párrafo y
se hacía el análisis sintáctico que consistía en calificar cada palabra
con su nombre correcto, se desarrollaba de la siguiente manera. EJEMPLO.
El niño llegará tarde.
EL: Artículo determinado, masculino singular
NIÑO: Nombre común
LLEGARÁ: verbo llegar (del resto no me acuerdo)
TARDE : adverbio de tiempo (luego, después, etc)
Espero no haberme equivocado porque me puede caer la del
tigre, ja ja ja.
Antes he hablado que solo disponíamos de un libro pero...
¿y el material escolar?, pues la misma historia, un lápiz, borrador y
sacapuntas, aquellos con un poco de más posibles se permitían el lujo de
llevar el famoso "plumier" de madera y te consideraban el rey de la clase
si dicho "plumier" era doble. Igual pasaba con los colores, a mucho tirar
podías poseer una cajita de seis y cortos, volvías a ser rey si la tenías
de doce y además largos.
Muchas veces pienso cómo podíamos saber tantas cosas,
primero por los pocos medios, un libro para todo y segundo por la corta
edad. Estoy segura que los niños de hoy a pesar de todas las cosas de las
que disponen incluida la tecnología no saben ni la mitad que nosotros. Lo
digo por lo siguiente. Uno de mis hijos con trece años más o menos sobre
los años noventa me preguntó y se quedó tan pancho, ¿mamá que está más
lejos, España o Madrid? ¡Madre, madre, madre mía! no daba crédito a lo que
escuchaba. En un principio aún con mi asombro me reí bastante después le
contesté. Mira hijo, yo, y lo mismo que yo todos los de mi edad con la
edad que tú tienes ya nos sabíamos los ríos más importantes de España
incluso con sus afluentes, las cordilleras, los montes, las capitales de
Europa, América del Sur y algunas de
África, ¿qué está pasando? ¿falla
algo en el sistema educativo?, ni lo supe ni lo sé. A veces hago
comparaciones y noto un abismo, ni punto de comparación el pasado y el
presente.
Puede que lo que hoy aprenden tenga mucha más prioridad y
valor, pero hay cosas con las que me quedo muerrrrrrta, ¡ Ojo! que nadie
tome estas palabras como una crítica nada más lejos de la realidad,
simplemente es un comentario.
La lectura se hacía alrededor de la mesa de la maestra,
todas con el mismo libro "Carmencita de viaje". Doña Isabel señalaba a una
de nosotras y comenzaba a leer en voz alta, el resto nos teníamos que
mantener "al loro" con el ritmo de lectura porque en cualquier momento
saltaba de niña y tenía que seguir el orden.
El horario de tarde estaba dedicado por decirlo de alguna
manera a
prepararnos para ser buenas amas de casa, así que acudíamos
provistas de agujas, hilos, dedal y tijeras y !ala¡ a coser. Cada año
aprovechábamos y le bordábamos algo a las madres que la pudiera servir
como regalo para ese día tan especial.
A las cuatro de la tarde nos preparaban gratuitamente una
pequeña merienda que constaba de un vaso de leche en polvo la cual no
estaba buena para nada pero era obligatorio tomarla.
Para poder pasarla llevábamos preparado de casa unas
cucharaditas de azúcar con canela molida para agregar a la leche y matarle
el sabor, las que se lo podían permitir en vez de canela llevaban cola cao
!eso si¡ envuelto en papel de periódico (no había otra cosa), normalmente
"ABC" o "EL CASO" . Después de este pequeño descanso volvíamos a clase y
continuábamos con las labores pero a su vez rezábamos el rosario con su
letanía incluida "ORA PRO NOBIS".
En fin, esto es parte de nuestra historia escolar en la
década de los sesenta. En otra ocasión escribiré otra pequeña historia de
mis vivencias que tengo bastantes.
Con todo el cariño PAQUI RAMOS
VILLANUEVA DEL RIO Y MINAS FEBRERO 2012